Joaquín Aguirre
Vaca Muerta se convirtió en el principal motor de la economía neuquina, pero su impacto va mucho más allá de los trabajadores de la industria hidrocarburífera. El crecimiento de la actividad genera demanda de bienes y servicios, moviliza al comercio, la construcción, la gastronomía y el transporte, y también fortalece los recursos públicos a través de las regalías.
Un informe de IERAL Patagonia, de la Fundación Mediterránea, firmado por Federico Belich y titulado ¿Le llega Vaca Muerta a las familias?, analiza cómo ese crecimiento se traduce en mejores condiciones laborales, mayores ingresos y menores niveles de pobreza en Neuquén–Plottier. Pero también advierte sobre las limitaciones de un derrame económico que convive con precios más elevados, dificultades habitacionales y una creciente desigualdad.
Uno de los datos que permite dimensionar el peso de la actividad es que el 10% de los ocupados de Neuquén–Plottier trabaja en la extracción de petróleo y gas o en servicios asociados, una proporción que prácticamente duplica el promedio de la Patagonia, donde alcanza el 6%.
La diferencia salarial también es significativa. Según el relevamiento, un trabajador petrolero percibe un ingreso mensual promedio de $3,8 millones, unas 2,5 veces más que el resto de los ocupados de la ciudad.
Sin embargo, el dato más interesante del estudio aparece al observar qué sucede con quienes no trabajan en el sector. El 90% de los ocupados restantes también registra ingresos superiores a los de sus pares del resto del país.
En promedio, un trabajador no petrolero de Neuquén–Plottier gana $1,5 millones mensuales, un 38% más que el promedio nacional. La diferencia alcanza el 70% en el comercio, ronda el 46% en salud y enseñanza, llega al 42% en la administración pública y al 35% en la construcción.
El informe identifica dos mecanismos que ayudan a explicar este fenómeno. Por un lado, el gasto de las familias vinculadas al petróleo sostiene la actividad comercial y de servicios. Por otro, las regalías hidrocarburíferas permiten financiar mejores salarios en el sector público.
Más empleo y menos pobreza
El derrame también se refleja en los indicadores laborales y sociales. La desocupación en Neuquén–Plottier pasó del 6,1% en 2017 al 3,3% en el último período analizado, por debajo del promedio nacional (7,4%) y del patagónico (4,9%).
Otro indicador favorable es la informalidad laboral. Entre los asalariados que no trabajan en el petróleo, alcanza el 21%, frente al 37% registrado en el resto del país.
En materia social, la pobreza se ubicó en el 19,6% durante el primer semestre de 2026, convirtiendo a Neuquén en la segunda ciudad con menor índice del país, detrás de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La distancia con el promedio nacional, del 32,3%, es de casi 13 puntos porcentuales.
Estos números muestran que el impacto económico de Vaca Muerta trasciende a la actividad y alcanza a otros sectores productivos y a los hogares que no tienen vinculación directa con los hidrocarburos.
El costo de crecer: precios, alquileres y desigualdad
Pero el crecimiento también tiene una contracara. La mayor demanda de bienes, servicios y viviendas, en una economía cuya oferta no siempre logra acompañar el ritmo de expansión, presiona sobre los precios locales.
Desde 2017, Neuquén acumuló un aumento de precios un 20% superior al promedio nacional y un 18% por encima de la Patagonia. Como consecuencia, el poder adquisitivo de los trabajadores no petroleros cayó alrededor de un 10%, prácticamente lo mismo que en el resto del país, pese a que sus ingresos nominales son más elevados.
La vivienda aparece como otro de los principales desafíos. La proporción de hogares que alquilan pasó del 19% en 2017 al 24% en la actualidad. El informe señala que la mitad de las familias petroleras alquila y que una de cada cuatro llegó recientemente a la ciudad.
De esta manera, los hogares que no participan directamente de la actividad deben competir por el acceso a la vivienda con familias cuyos ingresos pueden ser 2,5 veces superiores.
La desigualdad también aumentó. El índice de Gini pasó de 0,38 a 0,41, mientras que el 14% de los neuquinos se ubica dentro del 10% de mayores ingresos del país, más del doble que en 2017.
El desafío de transformar el boom en desarrollo
La conclusión del trabajo de IERAL Patagonia es que Vaca Muerta efectivamente derrama sobre las familias neuquinas, pero ese proceso no es automático ni alcanza a todos por igual.
El desafío consiste en transformar el crecimiento de la actividad hidrocarburífera en mejoras estructurales que perduren más allá del ciclo de inversiones. Para eso, el informe identifica cuatro cuestiones centrales: vivienda, suelo urbano, infraestructura y capacitación.
Cabe una aclaración metodológica: el estudio toma como referencia el aglomerado Neuquén–Plottier, que incluye Neuquén, Plottier y Centenario, pero no localidades petroleras como Añelo y Rincón de los Sauces. Por lo tanto, sus resultados permiten observar el impacto en ese núcleo urbano, aunque no representan una medición completa de toda la provincia.
Vaca Muerta genera oportunidades que exceden ampliamente a la industria petrolera. El desafío para Neuquén es lograr que esa riqueza se traduzca en mejores condiciones de vida para el conjunto de su población y que el desarrollo económico no avance a una velocidad mayor que la capacidad de la provincia para acompañarlo.