El crecimiento sostenido de la actividad hidrocarburífera en Vaca Muerta ha puesto a la capacitación en seguridad en el centro de la escena. Desde el Centro Patagónico de Entrenamiento y Capacitación (CPEC), su gerente general, Sebastián Gómez, destacó la importancia de la formación práctica, la incorporación de nuevas tecnologías y la necesidad de elevar constantemente los estándares de entrenamiento para acompañar la expansión de la industria.
Con 17 años de trayectoria, CPEC se ha consolidado como un actor clave en la formación de trabajadores que desempeñan tareas en yacimientos, plantas industriales y distintos entornos de alto riesgo. Según explicó Gómez, el proyecto nació a partir de una necesidad concreta detectada en el campo laboral.
“Nuestra empresa ya tiene 17 años en la industria y esto nació porque nos faltaba información técnica para prevenir riesgos. Como profesionales de seguridad e higiene veíamos que, en distintos frentes de trabajo, ya sea petróleo, construcción o electricidad, era necesario fortalecer la capacitación para trabajar de manera segura”, señaló.
Actualmente, la capacitación se ha convertido en un requisito indispensable para ingresar a los distintos ámbitos operativos de la industria. “Los operarios, independientemente de su jerarquía, tienen que capacitarse, entrenarse y conocer los riesgos asociados a cada tarea que realizan. Hoy la capacitación se volvió un tema fundamental para el desarrollo de las actividades industriales”, afirmó.
Uno de los principales diferenciales de CPEC es el fuerte énfasis en el entrenamiento práctico. Gómez explicó que la experiencia vivencial ocupa un lugar central dentro de los programas de formación.
“El valor agregado que le dimos a la capacitación fue el entrenamiento. Uno puede explicar los contenidos en un aula, pero hasta que la persona no lo vive y no lo hace, realmente no termina de comprenderlo en toda su magnitud”, sostuvo.
En este sentido, los cursos se organizan por niveles y contemplan renovaciones periódicas para garantizar una mejora continua de las competencias de los trabajadores. Además, existen programas específicos para supervisores y profesionales de seguridad e higiene, orientados a la observación, identificación y evaluación de riesgos.
La tecnología también ha transformado profundamente los procesos de capacitación. Gómez recordó que la pandemia aceleró la digitalización de los contenidos teóricos, dando origen a una academia virtual que hoy concentra gran parte de la formación inicial.
“Transformamos todo lo que era capacitación presencial en una academia digital asincrónica. Hoy cualquier operario puede realizar la parte teórica desde una computadora, una tablet o un teléfono, y luego asistir al centro para completar la práctica”, explicó.
El crecimiento de Vaca Muerta también se refleja en la demanda de formación. Mientras que en los inicios se dictaban uno o dos cursos semanales, actualmente el centro capacita entre 2.000 y 2.500 personas por mes.
“Este crecimiento tiene una relación directa con la expansión de la industria. Hoy tenemos cupos reservados con meses de anticipación y una demanda que sigue creciendo”, destacó.
Para Gómez, el desafío es mantener estándares cada vez más altos. “La industria es exigente y el nivel de conocimiento de los trabajadores también es muy alto. Quien se pone frente a un operario para capacitarlo tiene que estar realmente preparado. Por eso nuestros instructores atraviesan procesos muy exigentes de formación antes de asumir esa responsabilidad”, concluyó.