Cada vez que coinciden varios vuelos en el Aeropuerto Internacional Presidente Perón de Neuquén, la situación se repite. Luego de retirar sus valijas, los pasajeros deben formar una larga fila para atravesar el control de la barrera fitosanitaria antes de poder abandonar la terminal. En los horarios de mayor movimiento, la espera puede superar los 30 minutos.
El procedimiento es realizado por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), organismo encargado de proteger el estatus sanitario de la Patagonia e impedir el ingreso de plagas y enfermedades que puedan afectar la producción agropecuaria de la región.
Para ello se controla el ingreso de productos como frutas, hortalizas, plantas, flores, semillas, carnes de cualquier especie, embutidos, animales vivos, productos apícolas y otros elementos de origen vegetal o animal que tienen restricciones sanitarias.
Sin embargo, las críticas no apuntan a la existencia de la barrera fitosanitaria, sino a la forma en que se realiza el operativo. Actualmente, la totalidad del equipaje de los pasajeros debe pasar por un único equipo de rayos X, generando un cuello de botella cuando arriban dos o más vuelos en simultáneo.
La capacidad del sector de arribos tampoco acompaña el crecimiento del aeropuerto. Las filas suelen extenderse por gran parte de la sala de llegadas, dificultando la circulación de pasajeros y de quienes esperan recibirlos.
Pasajeros frecuentes consideran que sería posible mantener el mismo nivel de protección sanitaria mediante controles basados en análisis de riesgo y fiscalizaciones aleatorias, concentrando las inspecciones exhaustivas cuando existan indicios concretos. También plantean la incorporación de un segundo equipo de rayos X o el refuerzo de personal en los horarios de mayor demanda.
La discusión cobra mayor importancia por el fuerte crecimiento del movimiento aéreo de Neuquén, impulsado por el desarrollo de Vaca Muerta. Cada semana llegan miles de trabajadores, empresarios, proveedores e inversores vinculados a la industria energética, además del incremento del turismo y de los viajes corporativos.
Mantener la barrera fitosanitaria es una política estratégica para proteger el patrimonio sanitario de la Patagonia. El desafío pasa ahora por modernizar el sistema para que esa protección no implique esperas excesivas para quienes cumplen con las normas y solo buscan salir del aeropuerto de manera ágil.